EDITORIAL / Muyaidines

Francia y Líbano han reaccionado con orgullo y unidad nacionales a los atentados cometidos el viernes en sus respectivos territorios, que suman casi doscientos muertos en pocas horas por sendas acciones del Estado Islámico. Y la reacción de ambos Estados da envidia aquí porque en la misma situación España habría actuado de muy distinta forma: con la mitad de su población insultando a la otra mitad; nunca como habitantes todos de un país herido.

Todos los muertos ofenden igualmente, aunque los de París duelen más porque ese país es ejemplo de libertad y tolerancia (allí nacieron los valores en que se basa Europa) y porque una parte de ellos se produjo en el club Bataclan, una sala de fiestas muy conocida porque en ella se reunían los exiliados españoles durante el Franquismo.

La Historia enseña que en nombre de Dios se mata mucho y con facilidad (y la Iglesia de Cristo saca muchos cuerpos de ventaja a las demás, en este sentido), pero hace falta ser tonto del culo para pensar que cualquiera de esos conflictos se resuelve conversando... sobre todo, porque es imposible que dos hablen si uno no quiere.

Tampoco vale decir que Occidente está probando su propia medicina, dado que fue él quien creó Al Qaeda y el Estado Islámico (para debilitar a Rusia e Irán, en Afganistán y Siria respectivamente). Y no se puede obviar que ambos movimientos están financiados por dinero de Arabia Saudí, ese país vergonzante al que se le baila el agua porque nada en petrodólares.

De manera que sería deseable que los muertos del viernes en Beirut y París fueran los últimos de esa sinrazón de la lucha muyaidín contra Occidente... pero parece improbable.

P.D.: Todo lo dicho no obsta para proclamar que los muyaidines son lo peor de lo peor y que su guerra continuará.

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