EDITORIAL / Ayatolás

Occidente respira tranquilo tras el final de las sanciones a Irán, una vez certificado que el régimen de Teherán no tiene intención de construir bombas nucleares, sino sólo de usar la energía atómica para sus objetivos civiles (energía, medicina, etcétera). Aunque hay quien no se fía: republicanos estadounidenses, israelíes, saudíes... alguna de la gente que más influye en hacer del mundo un lugar violento.

El conflicto entre Occidente e Irán es el resultado de una acción de la CIA que se le fue de las manos. En efecto, el sha Reza Palevi fue comprador compulsivo de armamento estadounidense, hasta el punto de que empezaron a temerlo y se hizo inevitable derrocarlo, para lo que América y Europa empezaron a financiar a un clérigo residente en París; se llamaba Jomeini y lo llevaron a Teherán para controlar el país, pero él puso la política a las órdenes de la religión y proclamó una república islámica.

A medida que el enfrentamiento subió de tono, fueron sucediéndose la toma de rehenes en la embajada, el Irangate, Ahmadineyad, etcétera... con gran satisfacción por parte de Israel y Arabia Saudí, dos países enfrentados con la antigua Persia por razones de religión. Hubo un tiempo, incluso, en que ambos se apoyaron en el Irak de Saddam Hussein, pero llegaron Al Qaeda, el 11S, la guerra entre civilizaciones, el Estado Islámico... y cambiaron las tornas entre los buenos y los malos.

La realidad es que ni los ayatolás fueron nunca tan malos como se quiso hacer creer ni los saudíes o los israelíes fueron jamás almas de cántaro; de modo que si Occidente vive ahora en un mundo más seguro es porque ha puesto fin a una escalada de tensión que alimentó él mismo durante años... como pasó antes en Cuba, por cierto.

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