Every breath you take

Por David Torres

Se montó un pollo tremendo en twitter a raíz de una entrevista a la musicóloga Laura Viñuela en la que afirmaba que “Sabina tiene letras que son tanto o más machistas y peligrosas que el reggaeton“. Arturo Pérez Reverte intervino casi de inmediato y en menos de 140 caracteres ofreció la disyuntiva entre “idiota peligrosa o lista sin escrúpulos”, amén de incluir los términos “idiotez”, “tragan”, “cobardes” y “acoquinan”. Muchos tuiteros, no todos hombres, apoyaron el exabrupto del escritor y muchas tuiteras, no todas mujeres, lo pusieron a caldo. Más allá del insulto y de la polarización en dos bandos, casi nadie entró a dirimir el verdadero núcleo del asunto, que es la penetración del pensamiento patriarcal en la médula misma de nuestra cultura.

Se refería Viñuela a la canción Contigo y, concretamente, supongo, a este estribillo: “Y morirme contigo si te matan,/ y matarme contigo si te mueres, / porque el amor cuando no muere mata, / porque amores que matan nunca mueren”. Leído en sentido literal, ciertamente, parece la puesta en verso del típico comentario de un asesino machista: “La maté porque era mía”. El problema, ciertamente, es que un poema no se agota en su sentido literal, o mejor dicho, que el arte es polisémico. Creer que esa letra es una invitación al asesinato resulta tan corto de vista como suponer que el Apolo y Dafne de Bernini es una apología de la violación o La Venus del espejo de Velázquez una viñeta pornográfica. Los censores religiosos veían sexo en cuanto aparecía un desnudo y las censoras feministas descubren una vindicación del femenicidio a la primera de cambio. Es curioso que haya escogido Contigo porque es una canción que gana mucho, en cuestiones de voz e interpretación, en la versión de la Niña Pastori.

No hay apenas un verso que chirríe si colocamos a una mujer en lugar de un hombre. A ver si al final vamos a tener que corregir el final de Tristán e Isolda y hacer que Isolda no muera de amor sino de un resfriado.

Viñuela va un paso más allá cuando cita una de las canciones más famosas de The Police, 'Every Breath You Take', y advierte que se trata del monólogo de un psicópata y no de una canción de amor. Tiene toda la razón, pero, por supuesto, Sting y sus muchachos ya sabían eso. También los oyentes lo saben o deberían saberlo. Precisamente la gracia inagotable de esa canción es que la música –muy en especial la guitarra imperial de Andy Summers– contradice por completo el texto. Cantado e interpretado como si fuese una canción amorosa, en realidad, oculta una radiografía del alma de un acosador: “Cada aliento que tomes,/ cada movimiento que hagas,/ cada vínculo que rompas,/ cada paso que des,/ estaré vigilándote”. ¿No es justamente esa confusión -creer que el amor es posesión- la coartada mental de un psicópata? No se les puede reprochar a Sting, a Summers y a Coppeland haber compuesto un himno al hostigamiento machista en lugar de haber alzado una denuncia. El arte rara vez funciona así, con mensajes claros, directos e inequívocos. Every Breath You Take, aunque muestre un comportamiento masculino aborrecible, está muy lejos de ensalzarlo, y por supuesto, a años luz de cualquier bodrio de reggaeton. Del que no voy a hablar ni un segundo más para una vez que escribo de música.

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