Por Juan Tomás Frutos La vida es una conjunción de circunstancias que se palpan de una manera u otra en función del contexto y de las personas, y, ¡cómo no!, también como consecuencia de las actitudes que generamos y/o mantenemos. La fe inicial, como la prodigiosa vehemencia, es un eje crucial para las metas perseguidas. Nada es imposible, como nada es gratis total, ni tampoco surgen los intereses loables por casualidad. “La perfección no es un accidente”, leía yo cuando era joven. Conseguir las finalidades soñadas, sean éstas las que fueren, requiere dedicación, entereza y esfuerzo. Los valores más jugosos, que pueden estar en nuestro “ADN”, han de ser fomentados desde un abono constante a través de posturas democráticas y solidarias. El buen ejercicio nos mantiene en forma en los diversos órdenes existenciales. El horizonte, como sabemos, está lleno de opciones que podemos rentabilizar mediante la eficacia de creer en nosotros mismos, al tiempo que hemos de laborar por la soc...
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