EDITORIAL / Pactos

Anda toda España especulando –calculadora en mano– con los posibles acuerdos entre partidos que forzará el resultado de las elecciones generales del pasado domingo, con la vista puesta en la elección del presidente del Gobierno. El sistema electoral español no es presidencialista, así que los electores no votan al candidato a La Moncloa, sino a su lista en la provincia donde residen. Porque los comicios españoles son la suma de 56 convocatorias provinciales... o más, ya que hay territorios con más de una circunscripción (como Asturias, sin ir más lejos, donde hay tres en algunos procesos).

Por más vueltas que se le den, no hay más que tres posibilidades: que gobierne la derecha, lo que sólo puede pasar si el PSOE semiapoya a Mariano Rajoy (absteniéndose al votar en su investidura); que gobierne la izquierda, lo que sólo es posible si lo permiten Podemos y PP (con el apoyo del primero y la abstención en la investidura de Pedro Sánchez del segundo); o que se una el bipartidismo en lo que se llama Gran Coalición (en alusión a la Grossen Koalitzionen que mantuvo en el poder en Alemania a Gehrard Schröeder). 

El problema es que cualquiera de esas posibilidades tiene virtudes y defectos, así como partidarios y detractores: la continuidad de la derecha sería bien vista por sus votantes y por los mercados, pero sería un suicidio para el socialismo y llevaría a la izquierda a Podemos; que gobernara el PSOE sería un regalo para el independentismo catalán y un alivio para la población más desfavorecida, pero forzaría un cambio de liderazgo en el Partido Popular; y la Gran Coalición encantaría a la comunidad internacional pero irritaría a los españoles.

De modo que el horizonte más probable es la repetición de las elecciones, lo que beneficia al PP, perjudica a Ciudadanos y nadie sabe cómo afectaría a PSOE y Podemos. Esa segunda vuelta nunca se celebraría antes de mayo, ya que se produce un mes después de la disolución de las Cortes Generales por parte del Rey, lo que sucede si no hay presidente el día 13 de abril (suponiendo que la nueva Mesa del Congreso declare hábil el mes de enero, por la excepcionalidad de la situación).

Así es que calculadoras e intrigas tienen poco sentido porque las negociaciones políticas van para largo y de éstas se puede esperar cualquier cosa, como se sabe desde que José María Aznar dijo hablar "catalán en la intimidad" para tener el apoyo de Jordi Pujol en su investidura. Lo único seguro a estas horas es que cualquier pacto llevará cierto tiempo.

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