Se vende un trozo de España en Tánger

Por Jesús Caballeiro

El ministerio de Asuntos Exteriores no descansa. A pesar de estar en campaña electoral y estando en funciones ya anuncia la venta del histórico teatro Cervantes de Tánger a Marruecos. Un teatro que llegó a ser el mayor de toda África y que empleó la técnica del hormigón armado antes que en la península, tal vez por eso haya durado más de cien años, concluyeron las obras en 1913. Ahora, tras décadas de abandono y desidia se da el adiós definitivo con el cierre total de la propiedad de un trozo de España en el norte de Marruecos.

En sus tablas Juanito Valderrama cantaba a un emigrante concreto, al español de Tánger, Lola Flores presentó a su hija Lolita a los espectadores, el gran tenor italiano Enrico Caruso deleitaba con la ópera mientras Margarita Xirgú hacia teatro en mayúsculas, entre otros muchos artistas que pasaron por allí.

Un céntimo de euro, un simbólico dírham es el alquiler anual que España ha ido pagando a Marruecos por el teatro, símbolo de la presencia española en la ciudad internacional donde llegamos a contar con una colonia de 30.000 compatriotas además de un diario de referencia durante el franquismo, el España de Tánger.

Ahora, apenas quedan recuerdos y una modesta presencia española cifrada en unas 2000 personas. Su destino ya está marcado, la venta y que la rehabilitación, que se prevé entre 2 y 3 millones de euros (21 a 31 millones de dirhams), la haga su nuevo propietario, es decir, Marruecos. Ese teatro es de nosotros los españoles, mío y de usted lector y ahora lo venden, bueno cómo se vendió en su día el Sáhara, en una página llena de infamia de la que ahora se cumplieron cuatro décadas con los acuerdos de Madrid.

Así está la marca España, cuanta mala huella deja ese sibilino anciano, ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo, sí, este ministro que se ha convertido ahora en lo que en Latinoamérica llaman vendepatria, su lucidez no encuentra otra solución, a pesar de todas las propuestas que han ido surgiendo a lo largo de los años, que vender el teatro, eso sí, respetando la fachada y que se dé un uso cultural, qué gran logro.

Este señor que cambia embajadores como el que cambia cromos, de Irán a Casa Árabe, de Casa Árabe a Irán, y premia justificando a su colega, el peor ministro de la historia democrática, José Ignacio Wert. Este político quien tiene su corte de aduladores bien pagados, paga España claro, sea de forma directa o con publicidad afín y de amigos o de red de Casas, da igual. Sí, da igual si se apoya a líderes del Mediterráneo que hablan del león Cecil, Iker Casillas o la bolsa china, esos temas tan mediterráneos, la cuestión es figurar.

Ese ministro del que depende el instituto Cervantes y en el que nada más llegar Rajoy, además de gritar “¡Gibraltar español!” y por tanto arriar la bandera española y cerrar el centro del Peñón, nombró a cierto director que se disfraza de periodista y con muchas ínfulas en una ciudad de un país árabe donde apenas duró unos meses “se habían recibido numerosas quejas de distintos sectores”, explicaron los propios medios conservadores.

Este decrépito político que anuncia el apocalipsis de Podemos y la “preocupación” que produce en Europa. A mí, la verdad, lo que me da miedo es tener un ministro así, que no duda en mandar a los adversarios políticos al psiquiatra. Escribe sus memorias y ejerce de censor de sí mismo cuando una colaboración o un añadido que ha solicitado no le gusta, faltaría más. No se extrañe nadie, en la televisión de los curas dice que hay que ir a Mali y al día siguiente se desdice a sí mismo.

La verdad que me da miedo si voy al extranjero, sufro un problema y mi vuelta depende de él o de parte de su equipo. No obstante, quiero ser generoso e imaginar que él y su equipo estarán trabajando sin denuedo para traer sanos y salvos a los tres compañeros periodistas secuestrados en Siria desde julio, mejor dedicarse a esas funciones que a querer dictar cátedra sobre lo que debe o no publicarse.

En fin, muchas veces me despierto por la noche y me golpean unos versos, siempre los escribo, siempre vuelvo a ellos: ‘Por mi mala cabeza yo me puse a escribir. Otro, por mucho menos, se hace guardia civil. (…) Por mi mala cabeza sólo digo verdad. Por mi mala cabeza me descabezarán’.

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