Día Internacional de la Discapacidad

Por Ana María de Luis Otero

No sé cuál es la razón pero seguimos hablando de discapacidad. Quienes la padecen son personas que tienen una discapacidad pero una capacidad enorme para superarla, para superarse, para no encontrar barreras donde aún las hay. Existen, están en nuestro entorno, quizás al lado de nosotros pero son invisibles porque si no llevan algo que las identifique, ¡ay de aquel que les pueda ayudar!

¿Dónde pone que una persona tiene baja visión? ¿Cómo sabemos que una persona no nos escucha bien? Sencillamente porque nos pide ayuda. Nos sugiere que le leamos lo que pone y que le hablemos un poco más alto, vocalizando, por favor. Y es entonces cuando nosotros nos vemos lejos de esa situación y nos apartamos. Estamos tan lejos de ellos que la realidad supone que pese a la información que asociaciones, fundaciones y otras organizaciones dan al respecto, la discapacidad no nos afecta. No van con nosotros, es cosa de otros. Nosotros hemos nacido con piernas, con dos manos y dos brazos que nos permiten movernos, llevamos gafas pero mira tú, vemos bien y claro, oímos perfectamente. No tenemos ninguna enfermedad rara, ni nada que se le parezca, entonces, ¿qué me está pidiendo que haga este tipo?

Este tipo a lo mejor es un niño, o quizás no, es un joven, o una mujer de mediana edad. No tiene que ser una persona mayor, porque esas, a lo peor, nos da pena, nos sugiere que tenemos algún mayor en casa, y claro, es como mi abuela que no oye…pero ¿identificamos la discapacidad con nuestra vida? No, claro que no. Eso es cosa de otros, de los discapacitados, de sus respectivas familias, acaso de esos que lidian con ellos en cualquier caso.

¿Dónde están los amigos? ¿Y dónde la familia? Porque no se olviden de que la discapacidad atañe a muchas personas y éstas por miedo, por temor a que les caiga algún problema más de los que ya tienen, se alejan o torpemente te dicen: ¡ánimo que tú puedes con todo! Y no, jamás se ponen en tus zapatos porque eso sería ponerse en la realidad. ¿Y saben una cosa? todos seremos discapacitados alguna vez, así que cuanto antes aprendamos a ayudar al prójimo antes veremos nuestra vida futura.

Hago un llamamiento a los colegas periodistas, a los medios, a las televisiones, a los programas; son ellos la voz y no las personas que no tienen asistencia, las que se les ha negado una ayuda social o las que mueren en el intento esperando. Sois vosotros compañeros los que en un día como hoy tendríais que haber dado acaso más noticias o las suficientes para que la sociedad supiera qué se estaba cociendo aparte del partido del Real Madrid. Es más cómodo no informar porque estaríamos denunciando lo que pasa, y sucede, pasa y está pasando. No hoy que es fiesta, cada minuto del día estas personas necesitan de otras. Y si no, poneos un antifaz y deambular por la calle, tapaos los oídos y seguid una conferencia o sentaos en una silla de ruedas a ver cómo podéis moveros por esas calles sin rampas, con agujeros y con árboles en medio de la vía. ¡Qué fácil es vivir cuando es al otro al que le pasa!

Publiquemos cada día una noticia para que sean 365 las que aparezcan cada año, no solo hoy, que casualmente celebramos que somos capaces de seguir, de andar, de ver, de oír, de pensar, a pesar de todas las zancadillas que sin querer, o queriendo, la vida nos pone.

Y ahora, aparque en un lugar para personas con discapacidad, no le hable más alto a alguien y quéjese cuando un alumno le pide una hoja ampliada porque no es capaz de leerla. Seguramente algún día, celebrará este día con nosotros. Entonces, será tarde y pasará al equipo de la capacidad. Mientras eso sucede, pongámosle una sonrisa a todas las personas que cada mañana vencen a la vida y se ponen en marcha, y usted ya sabe; cuando las barbas del vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar.

¡Sois grandes hijos míos, tanto, que me descubro y sigo luchando! ¡Vamos! ¡Sigamos con nuestro lema!

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