EDITORIAL / Berlín

Nadie sabía al cierre de esta edición si el choque de un camión contra un navideño mercadillo berlinés era un accidente o un atentado, pero sí se conocía que había dejado nueve muertos y que el conductor se había dado a la fuga aprovechando la confusión. Esta mañana se sabrán más cosas, pero el momento, el lugar y el escenario son significativos, aunque la ignorancia de nuestros días los desconozca. Por eso, hay que recordarlos.

–Un mercadillo navideño es el escenario que más odia un musulmán, como quintaesencia de la falta de compromiso de los cristianos con la espiritualidad. Porque el mercadillo mezcla símbolos de todas las creencias y los subyuga al consumo, que es antónimo de Religión para los seguidores de Mahoma.

–El símbolo por antonomasia del mercadillo cristiano es Santa Claus, un gordo nacido en EEUU para anunciar Coca-Cola. Poca gente sabe esto en Europa, pero el barbudo lapón nació cuando surgió la televisión en color y viste de rojo y blanco porque esos colores se ven en blanco y negro y porque son los de Coca-Cola... así es que se usaron en Publicidad y así saltaron al imaginario del mundo. Pero Santa Claus es una deformación de San Nicolaus, el monje que tradicionalmente llevaba alegría a los niños alemanes en diciembre.

–KeiserWilheim es un edificio emblemático de Berlín, ya que la iglesia fue destruida durante los bombardeos contra los nazis y reconstruida durante la dominación soviética. Hoy es un símbolo del entendimiento de Occidente frente al guirigay del Islam y uno de los monumentos más representativos de los valores de la Unión Europea frente al resto del mundo. Es muy conocido porque junta una torre antigua y un complejo moderno en la misma iglesia.

A estas horas, sólo se sabe que un camión 'Scania' se llevó por delante un mercadillo de Navidad en los alrededores de KeiserWilheim. Ojalá todo sea una coincidencia...

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