EDITORIAL / Medievo

El gobierno tripartito que manda en Oviedo ha rescatado la ciudad del limbo cuasimedieval en el que sus gentes viven desde hace casi un siglo, cuando fue uno de los focos donde fraguó el fallido golpe de Estado que venció tras hacer 'generalísimo' a Francisco Franco. La capital asturiana despierta de sus sueños imperiales renombrando el callejero y eliminando citas indecentes... y algunas más que lo parecen, aunque no son, así como obviando otras.

La más relevante de cuantas no se tocan es el título 'La Nueva España', porque es el primer diario de la región, aunque su cabecera nació del franquismo hace ahora ochenta años. En cambio, sí se renombra la calle Calvo Sotelo –donde está el periódico– porque mucha gente cree que éste es el nombre de un franquista; aunque no lo es: Calvos Sotelo hay varios en la Historia de España (mucha gente recordará a Leopoldo, que fue presidente del Gobierno tras la dimisión de Adolfo Suárez), pero éste de las calles es José, ministro de Hacienda con el dictador Primo de Rivera que era líder de la derecha durante la Segunda República –y por ello fue asesinado por unos exaltados.

Con el cambio de nomenclatura, sin embargo, Oviedo se sobrepone a fantasmas que su población ha soportado durante tiempo sin saber qué significaban, en muchos casos. El más popular de todos fue el 'cerco a Oviedo' que usaba Gabino de Lorenzo para criticar al Principado alentando recuerdos de la Guerra Civil. En aquella época, la capital se aisló del resto de Asturias al ponerse del lado del fascismo rebelde, así es que quedó rodeada de republicanos (no porque fuera objetivo de ataques suyos, sino porque sus autoridades se levantaron contra el gobierno legítimo; ahí es donde se manipula la Historia, precisamente).

Nadie lo recuerda ya hoy, pero Franco defendía la vuelta de España al Medievo, cuando él creía que el país había sido muy grande... por suerte, la capital asturiana ha salido de ese cenagal pernicioso.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Vacaciones

El 'chapero' Nicolás

EDITORIAL / Decíamos ayer...