Quiero ser una chica mala

Por Susana D. Tejedor
 
Hace un par de años me regaló mi hermano un libro titulado 'He aquí la esclava del Señor', que lleva por subtítulo 'De cómo la mujer fue educada para el sacrificio y la sumisión'. Nos reímos juntos leyendo cosas tan esperpénticas como que “la misión de la mujer es mantener vivo el fuego e indefectible la alegría; su misión es la conservación y el aseo, la comida y los niños, el orden, la defensa del bienestar y el sosiego, los pañuelos bien planchados, los suelos brillantes, las minuciosas cartas a los hijos ausentes”. Éstas y otras lindezas nos provocaron risas, no sólo por lo rancio del lenguaje empleado, sino también por unos principios absurdamente indecentes y, aparentemente, obsoletos.
 
Pues bien, a pesar de que lo leímos con la distancia de los años (no tantos, por cierto) y con la convicción de que nada de aquello estaba ya vigente, lo cierto es que ayer unas declaraciones de la Iglesia Evangélica, me devolvieron a una realidad que creía ya superada.
 
Según los pastores de ese credo, los hombres que cocinan caminan vertiginosamente hacia un abismo: ¡el de convertirse en gays!. Si no lo leo, no lo creo. Estos iluminados proclaman, sin temblarles la voz, que un hombre que intente preparar su propia sopa (aunque sea instantánea, matizan), no sólo atenta contra los mandatos de Dios, sino que, además, la mujer le abre la puerta para que ingrese en un mundo femenino. Incluso se atreven a decir estos sinvergüenzas que, si las féminas consentimos esto, luego no debemos quejarnos de que nuestros hombres se vayan con otros hombres.
 
Todo esto me deja sin palabras. Más aún después de leer una somera guía que acompaña a sus afirmaciones y que 'razona' por qué la mujer debe cocinar para su pareja (supongo que quieren decir para su marido, porque para su novio cocinará su madre).
 
Chicas, olvidaos de cremas caras y milagrosas. No gastéis el dinero en regímenes para adelgazar. La Iglesia Evangélica tiene la solución para todos nuestros problemas: “pasar horas en una cocina caliente te ayuda a mantener el cutis radiante” y “verle comer es un supresor del apetito”.
 
¡Ah! Hay para todas, por eso matizan que es importante elaborar una buena comida para el marido, ya que “sólo las prostitutas hacen sandwiches o una ensalada ligera”.
 
Así que tenemos dos opciones: o nos vamos corriendo a poner les fabes a remojo para obsequiar mañana a nuestro hombre y mirar embelesadas mientras engullen, o estaremos castigadas por la Iglesia Evangélica y por Dios. Se nos llenará la cara de espinillas y nos pondremos gordas como focas. Porque la tercera opción, preparar una ensalada ligera…
 
Definitivamente: ¡quiero ser una chica mala!

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