La Varsovia sombría (II)

Por Paco Audije

Creí que el nuevo gobierno se mantendría dentro de la razón; pero veo como violan la Constitución, no respetan la separación de poderes y atacan al Tribunal Constitucional. Y ya la han emprendido contra los medios de comunicación. He comprendido que son un verdadero peligro”, ha declarado Lech Walesa.

De 72 años, Walesa, Nobel de la Paz y expresidente de Polonia, como se sabe, viejo sindicalista y católico practicante, ha dicho ('Le Nouvel Observateur', 28 de enero de 2016) que cuando viaja al extranjero siente ridículo y vergüenza por el comportamiento de su gobierno.

Beata Szydlo, formalmente primera ministra, juró su cargo el 16 de noviembre de 2015; pero no pocas voces señalan a Jaroslaw Kaczynski, como el verdadero Jefe; tanto del gobierno como de la Presidencia de la República que –al menos, formalmente- asume Andrezj Duda, quien tomó posesión de su cargo en agosto de 2015. En esta Polonia inquietante, a la que nos referíamos en la entrada anterior, un objetivo mayor del gobernante Partido de la Ley y la Justicia (PiS) parece ser abrir espacios de propaganda.

Sin equilibrio de poderes
El nombramiento de nuevos jueces del Tribunal Constitucional ha añadido más caos en otro frente. Se ha modificado la mayoría necesaria para celebrar un pleno. Ha desaparecido el control previo de las leyes. Ha habido una modificación de los plazos legales para que el Constitucional se pronuncie. El ministro de Justicia se ha convertido en fiscal general del Estado. Y ahora hay más miembros del Constitucional de los que prevé la ley (15, pero hay 18). Es difícil saber cuáles son legítimos. Varios no han podido jurar o prometer su cargo. Ni el presidente de la República, Andrzej Duda, ni la primera ministra, sino Jaroslaw Kaczynski –dicen– maneja los hilos.

Los propagandistas más histéricos hablan ahora de la Polonia “postcomunista” para referirse al país democrático inmediatamente anterior –y posterior– a su ingreso en la Unión Europea.

Jacek Kucharczyk, del Instytu Spraw Publicznych (Instituto de Asuntos Públicos), una fundación de análisis políticos, explica ('The Guardian', 23 de diciembre de 2015): “La última vez que el PiS estuvo en el poder, en 2005-07, el Tribunal Constitucional se opuso a diversas iniciativas gubernamentales. La capacidad del gobierno para ignorar las decisiones y sentencias de esa instancia jurídica, que ya reaccionó dos veces en noviembre, les preocupa bastante. Porque hay en marcha proyectos legislativos que afectan a los derechos humanos. Ahí está la ley antiterrorista que recortará la libre expresión o el derecho de reunión; de modo que tratan de frenar o ralentizar al Tribunal Constitucional para impedir que tenga efecto alguno” ('The Guardian', 23 de diciembre de 2015).

Ironía. En Varsovia, como en otras capitales del este europeo, mantienen una desconfianza crítica (histórica) hacia Moscú; pero sus líderes son imitadores de ciertas medidas de Putin. Entre los más conservadores, nunca faltan teorías y rumores para culpar al Kremlin, de lo que le corresponde y de lo que no. Esto no es incompatible con la desconfianza hacia la vecina Alemania. Medios nada alejados del gobierno susurran que Angela Merkel es un invento de la Stasi (la policía política de la antigua RDA).

Reacciones y protestas
En este ambiente, a veces muy paranoico, la Polonia democrática no ha desaparecido. Varias protestas callejeras, con miles de manifestantes, han expresado su rechazo a la deriva autoritaria dirigida por Kaczynski. Incluso en la OTAN han llegado a alarmarse por un acto que tuvo lugar en una instalación de contra-inteligencia de la Alianza compartida por Polonia y Eslovaquia. Para confirmar la destitución del director de ese centro (nombrado por el gobierno anterior), el ministro del ramo envió allí a la policía.

Una coordinación de grupos ciudadanos, el Komitet Obrony Demokracji (KOD, Comité de Defensa de la Democracia) ha organizado las manifestaciones opuestas a las medidas tomadas por el gobierno. Las siglas KOD recuerdan las del KOR (Comité de Defensa de los Obreros), que se opuso a las medidas represivas del extinto sistema prosoviético.

Entre las demandas de los manifestantes está que el presidente Andrezej Duda se niegue a ratificar las modificaciones legislativas contrarias a la democracia.

Pero si en marzo de 2012 la manifestaciones feministas polacas pedían en la calle “cortar el cordón umbilical” con el Vaticano, está claro que los ultra-conservadores del gobierno, impulsados por el efecto Kaczynski, van en sentido contrario respecto a temas como el aborto, la eutanasia, la educación sexual en las escuelas o la reproducción asistida. Una de las primeras medidas del nuevo ejecutivo, fue suprimir el programa de ayudas a la inseminación artificial y a técnicas similares. Decidido por el ejecutivo anterior, el programa correspondiente había entrado en vigor en septiembre. Terminará en julio de 2016 ('Le Nouvel Observateur', 31 de enero de 2016).

El gobierno de Beata Szydlo (o de Jaroslaw Kaczynski, no se sabe) plantea dar a las mujeres 500 zlotys mensuales (113 euros) por hijo. Barbara Nowacka, de la Izquierda Unida polaca, teme que sirva para alejar más a las mujeres del mundo laboral: “El salario mínimo es de 1.850 zotys (421 €). Con tres hijos, una mujer obtiene 1.500. La motivación para que busque un empleo será menor, ya que eso será paralelo a una disminución de las ayudas para guarderías y escuelas infantiles”.

Porque en un país donde la influencia del Vaticano es muy notable, están en peligro no sólo los derechos de los homosexuales y el derecho al aborto (con una ley vigente muy restrictiva), sino que muchos esperan una marcha atrás decisiva en el sistema escolar para reafirmar sus imposiciones ideológicas de todo tipo. “¿Por qué si no quieren pasar la edad de escolarización a 6 o 7 años, si no es para que los niños se queden en casa más tiempo?”, afirma Henryk Wujec, antiguo sindicalista de Solidarność.

En ese contexto, Plataforma Cívica (PO, según sus siglas en polaco), el partido liberal-conservador de Donald Tusk, presidente de la UE, parece ahora casi de izquierdas. Las transformaciones impuestas aceleradamente en Polonia por Jaroslaw Kaczynski se resumen en una sola cosa: imponer a toda la sociedad sus propios valores morales y su retórica ultraconservadora. La deriva Kaczynski quiere vestir a Polonia con el traje del autoritarismo.

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