El Duero y los Simpsons

Por En Cierta Medida

De la misma manera que un arroyo que nace en una montaña y baja serpenteando a toda velocidad tiene poco que ver con el río, las reglas del comienzo de las relaciones con una serie televisiva no tienen mucho que ver con las reglas de las relaciones duraderas con esa misma serie. Sin embargo, vemos el Duero a su paso por Zamora y parece que no se mueve porque es una masa enorme de agua. La diferencia es que el arroyo, que parece tan vivo y tan dinámico, lo podemos desviar con un dedo, mientras que el Duero a su paso por Zamora, que parece que no se mueve y que está muerto, le pones en medio la catedral y te la derrumba en un momento. Los comienzos de las relaciones con 'Fargo', 'Carlos, rey emperador' o 'Humans' son como los arroyos, momentos de subidón, momentos de una intensidad extraordinaria pero también muy banal, de forma que soplas y desaparece. Las relaciones, en cambio, no los comienzos de las relaciones, sino las relaciones con 'Los Simpson', 'Juego de tronos' o 'The Walking Dead' podría parecer que están muertas, pero son como el Duero en Zamora: pones un muro de críticas ante los últimos capítulos de 'Los Simpson' o ante los guiones de los primeros capítulos de la sexta temporada de 'The Walking Dead' y los incondicionales de esas series lo derriban en un segundo.

El paso del comienzo de las relaciones televisivas a las relaciones televisivas supone un cambio de normas que muchos espectadores no están dispuestos a tolerar. Así, muchos aficionados a las series están tan cegados por el capricho que cuando el río se tranquiliza sienten que la relación se ha estropeado. Por eso nos encontramos con muchos adictos a las series, jóvenes y no tan jóvenes, que a lo largo de su vida han tenido treinta comienzos de relaciones y ninguna relación, o sea, que han tenido treinta comienzos de relaciones televisivas con sus propias leyes, pero ni una auténtica relación televisiva madura, saludable, serena, densa y estable. ¿Por qué? Porque no era eso lo que buscaban. Si lo vemos desde un punto de vista superficial, parecería que está mucho más vivo el arroyo que el río, es decir, el espectador de la primera temporada de una serie que el que lleva muchas temporadas siguiendo a Homer Simpson. Pero es al revés.

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