La limosna política

Por MANUEL PASCUA

Los gastos de los partidos políticos, en todo el mundo, sirven para tres cosas:
–Sufragar la propaganda. (Agujero sin fondo).
–Pagar sueldos de gestión. (Único gasto lógico).
–Complementar sueldos de los políticos estrella. (Incremento del Chollo).

Para mí solamente tienen sentido los del segundo epígrafe porque es lógico que haya que pagar los gastos de gestión que no son iguales en Progresistas por Villanueva de Gormaz, siete habitantes, que los de Ciudadanos, un poner, con sedes por toda España. Los gastos de propaganda, mal llamados de campaña electoral, sirven a corruptelas y a convertir los partidos en productos.

Hagamos un ejercicio: ¿cuántos partidos políticos eres capaz de nombrar simplemente por su marca, sin explicitar su tendencia? No creo que muchos lectores lleguen a los diez o doce y eso abriendo la manga a los autonómicos y municipales. En España hay 989 partidos de implantación nacional y más de 4000 contando las tres administraciones pero conocemos solamente a los que se gastan mucha pasta en propaganda.

Lo que me dice mi sentido de la vida es que no debería pagarse más que los sueldos de los empleados –que ni siquiera tienen porque estar afiliados- y ya: como dice el alcalde de Amanece que no es poco, Y nada de hacer campaña que ya nos conocemos todos la jeta.

En España, los grandes partidos gastan millonadas en campañas más que absurdas, como mandar cartas a todos los votantes del censo; imprimir y buzonear unos folletos carísimos llenos de mentiras, perdón propuestas –e impresos en la empresa del cuñado del candidato-; fiestas absurdas en lugares espantosamente grandes que rellenan con sus conmilitones traídos de toda la península en autocares que, por supuesto, se consideran gastos de campaña y que no tienen más misión que mostrar en los telediarios un estadio, una plaza de toros o un coliseo llenito de fans histéricos a los que se ha regalado bocatas de jamón, sombrerito, bufanda, agua a porrillo, pitos, flautas, globos y demás mierdanchaising.

Y luego está el gran timo de re-pagar a los políticos estrella: desde la señora Cospedal con su colección de sueldos que supera los 300.000 € anuales hasta las cuentas en Suiza de tesoreros y  directores de no sé qué áreas. Por supuesto, las cenas y comidas en Can Roca o Diverxo también son gastos de gestión, con dos bien plantaos.

Para acabar de arreglarlo, los partidos piden prestado a los bancos –que acaban perdonándoles sus deudas si pillan cacho gubernativo-, hacen campañas oscuras de captación entre empresas de las que reciben “donaciones” millonarias y, claro y cómo no, esquilman el erario público recibiendo 250 millones de euros anuales por conceptos de lo más peregrino. Vamos, que lo de la política sin robar sigue siendo un robo. Y un chollazo.

En fin, ahora Ciudadanos propone que los partidos acepten solamente donaciones de particulares y no de empresas. Es un primer paso, pero demasiado pequeño: si Amancio Ortega dona mil millones al PP está claro que juega dopado y con ventaja. Si encima lo puede hacer anónimamente, seguiremos teniendo Bárcenas, Millets y Prenafetas por todas partes.

En un mundo tecnologizado y globalizado, con apenas un ordenata, una conexión wifi y un poco de talento se puede llegar a toda la parroquia sin necesidad de tirar el dinero de manera tan escandalosa; pero claro, esto supondría dejar la mamandurria, el chófer recadero, las comilonas tres estrellas Michelín y los trajes de a 2000 euros hechos a mano en Londres para ellos y para ellas los comprados en la mille d’or parisienne firmados por los meilleurs modistos del mundo.

Hay algunos partidos, sin embargo, que ya están transitando por un camino similar al que sugiero, Equo, Podemos, que huyen de los bancos como de la peste y tienen organizado un sistema transparente de crowdfunding –el neologismo eufemístico importado del inglés para limosna- pero todavía estamos lejos de que la política deje de ser un chollo y empiece a ser un servicio público al que los ciudadanos nos acerquemos por vocación y no crematísticamente: qué poca fe en las personas creer que porque no se les paguen sueldos de seis cifras solo llegarán a la política los peores, ¡cómo si hubiera muchas lumbreras y generosos filántropos entre los actuales!

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