EDITORIAL / Mujeres

Europa vive con estupor e indignación el goteo de denuncias –hasta 90 ya– presentadas por mujeres víctimas de agresiones sexuales y robos en Nochevieja en las proximidades de la estación central de tren de Colonia, donde estaban reunidos alrededor de mil hombres.

Ante la dimensión de lo sucedido, y tras lo que no se han producido detenciones por el momento, la canciller Angela Merkel exigió "la respuesta contundente del Estado de derecho" para identificar y castigar cuanto antes a los culpables, con independencia de su origen.

Según los datos facilitados por la policía, todos los testimonios apuntan a que los agresores eran hombres jóvenes, de entre 18 y 35 años, aparentemente procedentes de países árabes y del norte de África. Y esta afirmación debe recordar aquel famoso proverbio chino: lo importante no es si el violador es blanco o negro; lo que importa es que fuerza mujeres.

Pero tampoco hay que ser un genio para suponer que la convivencia entre culturas puede resultar explosiva: sumar el consumo fácil y abundante de alcohol con poca consideración hacia la mujer deriva con rapidez en una desvergüenza... y puede que algo de eso haya ocurrido en Alemania.

Los medios de comunicación españoles no lo han recogido porque están ebrios de megalomanía electoral (al socaire de los problemas de Mariano Rajoy y Artur Mas para seguir gobernando) y/o entontecidos por el dulzor navideño; pero en Alemania se ha producido un choque entre culturas de aquellos que montaban los nazis para justificar sus invasiones.

Habrá que ver quién tiene la culpa esta vez, pero a día de hoy lo único seguro es que el incidente es intolerable y que merece toda la atención.

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