Oviedo

Por Joaquín del Río

Está conmocionada Oviedo tras el incendio de un edificio antiguo en la calle Uría, en el que murió un bombero que renunció a su día de libranza para ayudar a sus compañeros. Eso no es una cosa que sorprenda a un periodista como yo, acostumbrado como estoy a ver a mis compañeros en Redacción siempre que hace falta.

Ahora mismo recuerdo el día en que se mató en París Lady Di. Yo dirigía un diario nacional y me vi desbordado al ver en el periódico a todos mis redactores, que querían echar una mano a sabiendas de que el día iba a ser difícil: los que libraban, los de vacaciones, los becarios... aunque esa actitud es más habitual en el Periodismo que entre los funcionarios.

Aunque a quienes me dicen eso yo suelo responderles que si todos los empleados públicos fueran como cree el imaginario colectivo no se cobrarían pensiones (por citar), no habría ayudas ni se tramitarían las subvenciones...

La realidad es que Oviedo lleva tiempo desatendiendo sus obligaciones municipales, en beneficio de la política de gestos (que mantuvo como alcalde a Gabino de Lorenzo durante muchos años –como a Rita Barberá en Valencia, por decir–) y así es como tiene un cuerpo de bomberos muy pequeño o lleva años sin revisar las bocas de riego contra los incendios.

Así es que la muerte de Eloy –cuya solidaridad admiro; y mucho– debería caer sobre la conciencia del hoy Delegado del Gobierno en Asturias, pero no lo hará; porque no hay menos culpable que quien no quiere serlo.

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