'Gran Hermano' para siempre

Por En Cierta Medida

Escribir crítica de televisión está chupado. Umberto Eco dice que la reflexión se ejerce siempre con adelanto (sobre lo que puede suceder) o con retraso (sobre lo que ha sucedido), y raramente sobre lo que está sucediendo, porque los acontecimientos son siempre más rápidos y acuciantes que la reflexión sobre esos acontecimientos.

Todo eso es cierto… salvo cuando se reflexiona sobre televisión, porque esa reflexión puede ejercerse con adelanto (todos sabíamos lo que pasaría al juntar a Belén Esteban, Sandro Rey, Olvido Hormigos, Kiko Rivera y compañía en 'Gran Hermano VIP'), con retraso (es fácil reflexionar sobre el enorme daño moral que produjo en la sociedad un programa tan asqueroso como 'Gran Hermano VIP') y en el momento ('Gran Hermano VIP' es una vergüenza digna de la cadena que lo emite).

​Pero no quiero ser tan duro con 'Gran Hermano VIP' y sus deprimentes concursantes. R. L. Stevenson nos previene en su 'Apología de los ociosos' contra los plumíferos que pasan la vida garabateando pequeños artículos hasta que su mal humor se convierte en una pesada carga para cuantos están a su lado. Los dioses me libren de ser una carga para los lectores de 'Astures'. Por una vez, seré prudente.

Uno de los aforismos de Baltasar Gracián recogidos en 'El arte de la prudencia' dice así: “No ser el único en criticar lo que gusta a muchos, porque algo tiene de bueno lo que gusta a tantos. A veces no se puede explicar, se disfruta de ello”. Así que no dejaré que mi mal humor dirija mis reflexiones sobre 'Gran Hermano VIP' con adelanto, con retraso y en el momento, porque algo bueno tendrá lo que gusta a tantos.


Y lo bueno que tiene 'Gran Hermano VIP' es que reúne en un mismo espacio (físico y televisivo) a lo peor de la naturaleza humana. Que se queden ahí. 'Gran Hermano VIP' para siempre. Eterno. Por los siglos de los siglos. Amén.

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