No más huesos, no más huesos

Por Andrés Sorel

Malditos bastardos, destructores de la cultura, la literatura, la memoria histórica, que sólo tienen por Dios al dinero y los beneficios, destruyen el lenguaje, convierten cuanto tocan en mercancía, persiguen el pensamiento y la libertad y utilizan los medios de comunicación para embrutecer, hasta intentar llevar a los ciudadanos a la prehistoria.

Ana Botella: “Día histórico para nuestra cultura…”

Pensando en días en que lleguen a su capital de las Españas más manadas borreguiles para hacerse fotos junto a esos restos de huesos de cualquier víctima de los poderes reales o la Inquisición, sean de Cervantes o de un mendigo, del amante de una reprimida monja o de un estúltico noble embrutecido y malhechor.

¿Nunca se hablará de ideas, de fanatismos, de terror represivo impuesto por gobernantes, jerarcas eclesiásticos, del atraso de un país que maldecimos, del que por no ser jóvenes no podemos huir, de fantasía y belleza creadora de los diferentes y perseguidos, no se dejará en paz a quienes concibieron obras contra los que se refocilan buscando huesos, pensando que pueden convertirlos en dinero, no en que sus obras se lean en voz alta en escuelas o televisiones, esas televisiones suyas pagadas para fabricar imbéciles y pasivos consumidores de mentiras y corruptas palabras?.

Dejen en paz de una vez a quienes en sus creaciones legaron críticas y reflejaron padecimientos al tiempo que alentaban hermosas fantasías, los condenados al hambre o a la cárcel de cuyas rejas escaparon con su portentosa imaginación creadora, aquellos que con sus pensamientos y sueños buscaron al ser humano civilizado y a una sociedad no mendaz, explotadora y miserable como la que vivían y continuamos padeciendo.

Putrefactos tiempos soportamos en los que, quienes buscan huesos, destrozan la literatura, la cultura –aunque no lo consigan del todo, que por encima del mercado se encuentra la libertad de los diferentes, de quienes no pueden ser corrompidos, de quienes luchan y no se resignan a ser humillados– aquellos que admiramos, para los que pedimos no invoquen su nombre en vano.

Que sigan reuniéndose con los corruptos analfabetos que son los únicos que pueden refocilarse en la charca de sus vidas sin ideas, por mucho lujo y dinero que la adorne, y que no nos martiricen más con nichos que negaron en tiempos recientes a quienes torturaron, fusilaron, asesinaron e impidieron se hablara de ello en la gran tragedia vivida tras el triunfo del franquismo.

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