Dando yuca

Por Jorge de Quintes

¿Se imaginan ustedes al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, bajarse del coche de la caravana presidencial de vuelta a La Moncloa después de un acto público para regañar a un ciudadano que le hace un corte de mangas a su paso? Impensable ¿verdad?

Pero lo imposible en España es factible en Ecuador. Ha pasado. El 1 de mayo, después de las manifestaciones por el Día del Trabajo y cuando el presidente Rafael Correa volvía a su palacio, mandó detener  su vehículo y se bajó para increpar a un joven que le bajó los pulgares a su paso y luego le hizo una yuca (que es como se llama aquí el corte de mangas).

El adolescente de 17 años, o sea ni siquiera mayor de edad, contó que el mandatario le agarró de las solapas y le llamó malcriado, después de conminarle a respetar a su presidente. Dice el muchacho que a Correa se le saltaban las lágrimas de la ira que destilaba. Esta versión fue rebatida por el propio presidente quien negó que le hubiese agarrado de las solapas, pero ya no negó nada más.

Después del incidente, el muchacho fue detenido, su madre también, y le condenaron a realizar 20 horas de trabajos sociales, aunque en declaraciones a una cadena de televisión pidió perdón si alguien se había sentido ofendido.

No fue esto lo peor que le ha pasado porque entonces le ha caído encima todo el peso del aparato mediático del Estado, aparte de la policía, los escoltas del presidente y el juez. Le han vinculado con un expresidente que está condenado y en el exilio; con un grupo político que ya no existe y al que el presidente insulta sábados, domingos, lunes, martes y todos los días de la semana; han buceado en sus cuentas de redes sociales y le han sacado todos los insultos que habría escrito ahí contra los políticos del régimen en el poder. Incluso en un comunicado enviado a los medios se cita su nombre y apellido, pese a estar prohibido por el Código de la Niñez. Y lo que seguramente falta por venir. Una destrucción a conciencia.

Luego está el otro gran culpable del incidente que es la prensa no oficialista. Los periódicos, televisiones y radios que no comulgan con el credo presidencial solo buscan sacar en sus espacios noticias que dañen al presidente y la buena imagen del país. Cualquier día Correa se verá obligado a cerrarlos todos para que no le critiquen. Porque parece que no tiene buen café a la hora de aceptar las discrepancias. Así son los revolucionarios insignes del siglo XXI.

Para éstas, casi que prefiero a Rajoy.

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