Las herencias de Correa

Por Jorge de Quintes

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, el gran icono de las revoluciones bolivarianas del siglo XXI tras la muerte de Hugo Chávez, ha tenido una genial idea en su ideario populista para acabar con las desigualdades del país y redistribuir la riqueza entre todos los que no tienen nada. El mandatario, con mayoría absolutísima en la Asamblea ecuatoriana, ha enviado una ley al parlamento con un nuevo impuesto a la transmisión de las herencias.

En Ecuador ya existía un tributo por este motivo de los más altos en el mundo. Un 35 % de pago para los patrimonios más elevados. Así no se reparte nada, habrá pensado, así que ha decidido que el impuesto por transmisión de patrimonio a la muerte de una persona sea del 77,5 % para los valores que superen los 850.000 dólares. Más que un tributo es una confiscación, dijeron algunos y se armó la de San Quintín. Tanto es así que el presidente ha reflexionado y ha decidido rebajarlo a solo el 47,5 por ciento solamente en los casos que sea de padres a hijos.

Pero él, un enorme demagogo, con todo el poder mediático del Estado a su disposición, tiene argumentos. Dice que hay muy pocos casos en los que las herencias superan los 850.000 dólares y que si los afortunados que reciban esto no pueden pagar, pues que repartan acciones de sus empresas entre los empleados y así no les cobra nada.

Es verdad que no habrá muchos en Ecuador con patrimonios elevados, pero con medidas como estas a nadie le van a quedar ganas de ser rico. El mensaje es: trabaje usted, prospere, haga negocio, invierta, desarrolle y cuando se muera el fruto de su esfuerzo no va a ser para sus herederos, pasará directamente al Estado (donde están colocados todos los correístas). Hay un gran revuelo pero como Correa es una mezcla entre El Mesías y un dictador de república bananera no se va a echar para atrás. Él nunca se equivoca ni debe rectificar.

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