De agradecimientos

Por Susana Tejedor

El pasado domingo moría el poeta sevillano Rafael Cózar a causa de un incendio producido en su casa y ahora se habla de la posibilidad de que no logró salir de su domicilio por intentar salvar los libros de su Biblioteca.

Sorprende el caso gratamente, aunque parezca irónico lo que digo. Porque que alguien trate de recoger su dinero, sus tarjetas de crédito o sus joyas, es lo habitual a lo que estamos acostumbrados, pero… sus libros. ¡Me da mucho que pensar! Máxime cuando cada vez se habla más en este país con cierto desprecio e indiferencia de la cultura. Cuando la lectura se considera el “pariente pobre” de la sociedad.

Que alguien dé su vida por sus libros es un acto heroico muy poco usual. Quiero pensar que Cózar agradeció a sus libros la vida que ellos le dieron, aunque haya sido a un premio muy alto. Y es que, insisto, “agradecer” y “libros” parece que son dos palabras que no llenan nuestras vidas últimamente.

De libros y agradecimientos quiero, entonces, hablar ahora. La pasada semana le entregaron a Manuel García Rubio el Premio de la Crítica de Asturias 2012-2013 por 'La casa en ruinas'. Manolo, para los que le conocemos, es un extraordinario escritor uruguayo y gran persona, que plantó sus raíces en Oviedo hace muchos años. Es un asiduo de los libros y de la Librería Cervantes. Y es ya un reconocido escritor fuera de nuestra región.

Pero ello no le impidió en su discurso de agradecimiento dedicar unas palabras a Concha Quirós, directora de la Librería Cervantes, de la que dijo que “ha sido imprescindible en mi vida literaria” y calificarla de “una librera ejemplar”. Y es que no olvidar tus apoyos iniciales cuando ya estás muchos escalones arriba, es muy loable, aunque esté en desuso.

También hace unos días en Cervantes fuimos testigos de otro episodio similar. Ignacio del Valle, asturiano, triunfador con sus libros fuera de España (incluso se ha llevado al cine en 2011 su libro 'El tiempo de los emperadores extraños', con el título 'Silencio en la nieve') recordaba y agradecía, una vez más, la ayuda y apoyo de la gran librera asturiana cuando él no era nadie, tan sólo un tímido joven (aún lo sigue siendo, tímido y joven, pero menos de ambos) y Concha le animó y le impulsó en este difícil caminar literario. Hoy es un gran escritor que pasea sus libros por medio mundo.

Estas actitudes me devuelven la esperanza en la raza humana. Es fácil decir “estoy agradecido a…” en pequeños círculos, pero hacerlo públicamente ante un gran auditorio, es harina de otro costal. Así es que en estas fechas en las que parece que todos somos o debemos ser más buenos, solidarios y agradecidos, deberíamos reflexionar que estas actitudes positivas también son necesarias el resto del año. Además, no lo duden, hacen que nuestra vida sea más grata y satisfactoria.

Así que no me duelen prendas al decir “gracias” a todas esas personas que hacen que la cultura se adentre en nuestros rincones más íntimos. “Gracias” a quienes nos regalan sus historias para que nuestros momentos cotidianos sean más gratos. “Gracias” a los que apoyan a los desconocidos. “Gracias” a los que saben decir “gracias” con sinceridad. “Gracias” a los que lo dicen. “Gracias” a los que ponen su pequeño granito de arena para que leer no sea algo casual sino necesario. A todos ellos mi eterno agradecimiento.

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