Editorial / Por fin, el consorcio

Oviedo se incorpora hoy al Consorcio de Transportes de Asturias, una iniciativa que permite moverse con comodidad por la zona centro de la región utilizando medios públicos. Y la pregunta que surge inmediatamente desde fuera de la capital es ¿cómo es posible que los ovetenses no puedan hacer ya lo que muchos otros paisanos suyos?

La respuesta es muy fácil, aunque está algo perdida en el tiempo. El Consorcio de Transportes de Asturias fue una idea estrella del primer plan de gobierno de Vicente Álvarez Areces y se puso en marcha cuando Francisco Álvarez Cascos era ministro de Fomento ("superministro", le llamaba su gente... ¿se acuerdan?), así que éste dio instrucciones para torpedearla. Él controlaba directamente Renfe y Feve y de su amigo Gabino de Lorenzo dependían los autobuses municipales de Oviedo (a través de una empresa de Cosmen Adelaida, el opusino de ALSA).

Pero Rodríguez Zapatero llegó a La Moncloa tras el desastre del 11M y las empresas ferroviarias pasaron a estar controladas por socialistas, así que se sumaron al Consorcio. Cascos tuvo que irse del PP tras hablar mal de Gabino y el patriarca de los autobuses luarqueses murió, de modo que ALSA no es ya una empresa asturiana, sino que toma sus decisiones en Londres (donde sus coches están integrados en National Express) y en Madrid... y en ambas ciudades hay iniciativas de transporte similares.


Para más inri, en la capital asturiana hay ahora un nuevo alcalde que se siente obligado sólo lo justito por la herencia de su antecesor, de manera que la exclusión de los ovetenses de algo que les interesa no podía durar mucho tiempo. Y así se llega al lunes, cuando terminará esta historia de pequeñas miserias.

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