Televisión y gominolas
Por En Cierta Medida
¿Qué
tiene el sistema educativo que hace que, en general, no reneguemos de él y qué
tiene el medio televisivo que, generalmente, nos hace verlo con tal desesperanza? ¿Son
realmente tan distintos? ¿Por qué nos parece bien que el Estado obligue a un
ciudadano a estar encerrado seis horas al día en un centro educativo hasta los
16 años y nos parece desaconsejable que le obligue a ver determinado programa
de televisión porque nos suena a fascismo? ¿Es más libre el ciudadano que, como
media, ve más de tres horas y media de televisión al día? ¿Es cierto que la
tele es sólo un medio de entretenimiento que no educa ni debe ser regulado como
medio educativo y que la escuela es un medio educativo y que, por tanto, es
necesariamente aburrida porque educación y entretenimiento se excluyen
mutuamente? ¿Debemos excluir las gominolas del sistema de control sanitario de
los alimentos porque su finalidad no es alimentar sino divertir? Respecto al
impulso transformador de la sociedad, sin duda el sistema educativo debería tener
mucho que decir y no veo por qué la tele no podría colaborar en la medida en
que es un sistema educativo que no llega a un limitado sector de la población
(los más jóvenes) sino a todo el mundo.
El Estado paga un costosísimo sistema educativo
en el que unos profesionales (maestros y profesores) reciben el encargo de
enseñar determinados contenidos que la sociedad considera valiosos. Estos profesionales
se esfuerzan en que sus alumnos pasen de
curso, siguiendo un camino hacia delante que la sociedad considera que los hará
mejores. ¿Por qué el Estado no puede mantener una televisión pública con
finalidad semejante? ¿Tan cara resultaría? ¿Más que una escuela, un instituto o
una universidad? ¿Canal Historia (cuando no emite documentales sobre
extraterrestres y otras chorradas), Canal Viajar, Discovery Channel o National
Geographic deben estar sólo al alcance de quien pueda pagarlos, mientras los
ciudadanos con menos recursos están condenados a mirar quién produce más
vergüenza ajena en 'Gran Hermano'?
Un profesor no pretende “fidelizar su audiencia”
y mantenerla embobada ante sí curso tras curso, sino impulsar y abrir
horizontes. Todo profesor querría que sus alumnos, una vez que lo dejaron
atrás, siguieran interesados por seguir aprendiendo sobre los asuntos que él
les enseñó. ¿Por qué el Estado pretende fomentar este interés entre los jóvenes
y lo convierte en tarea imposible en los adultos? ¿Por qué a todos nos gusta discutir
–legítimamente– hasta la última coma los contenidos que el Estado establece
para cada asignatura pero nos parece un sacrilegio discutir sobre los
contenidos televisivos y preferimos dejarlos en manos de las empresas que los
manejan y proclaman a los cuatro vientos que lo mejor es la autorregulación y
que dejemos que hagan lo que les da la gana?
Tengo hambre. ¿Me das unas gominolas?
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