Editorial / No va a gustar

La Justicia argentina ha ordenado la detención de veinte personajes del Franquismo, para pedirles cuentas por su comportamiento; entre ellos figuran gente tan conocida como Rodolfo Martín Villa –que ha sido de todo con el PP– o Utrera Molina, el suegro del exministro Alberto Ruiz Gallardón. Y no va a gustar en España que llegue alguien de fuera a hacer lo que eludimos hacer aquí.

Aunque tiene gracia que la orden contra Martín Villa se conozca el mismo en que se difunde la muerte Luis Vega Escandón, el personaje que más hizo para civilizar a la derecha asturiana, junto a Antonio Checa, Luis Riera, Barthe Aza, Pumarino y otros que casi nadie recuerda.

Todos ellos perdieron su batalla del sentido común frente a la ambición política de Martín Villa, un leonés que no quiso unir su tierra con Asturias, sino vincularla a Ávila y Valladolid, donde se cocía el poder político de aquello que llaman Transición,.

Por culpa de Martín Villa, Asturias y León no crearon una comunidad autónoma con la que, unidas, tendrían más fuerza de la que suman separadamente, aunque ése es un proceso que no tiene vuelta atrás y que quedará como campo de investigación para los historiadores.


El caso es que los fantasmas de Montejurra, Puig Antic o Carabanchel vuelven cuando la sociedad española casi no sabe nada de ellos; habrá mucha gente a la que le satisfaga que alguien todavía los tenga en cuenta, aunque sea a miles de kilómetros de aquí.

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